Por: Hanseandina
Jueves 4 de septiembre del 2025
En las últimas décadas, los insecticidas han sido señalados como uno de los principales factores en la disminución de las poblaciones de polinizadores. Y no es para menos: al ser insectos, los polinizadores también son vulnerables a los efectos de estos productos químicos. Sin embargo, para entender y enfrentar esta problemática, es esencial considerar algunos aspectos clave sobre el uso de pesticidas y su impacto ambiental.
Los organismos que no son el objetivo del pesticida —como las abejas, mariposas o avispas— pueden verse afectados principalmente a través de tres vías:
Contacto directo o indirecto: al entrar en contacto con gotas del producto recién aplicado o con superficies contaminadas (hojas, flores, suelo).
Vía oral: al consumir néctar, polen o partes de plantas tratadas con pesticidas sistémicos.
Vía respiratoria: mediante la inhalación de gases o partículas liberadas por la evaporación del producto.
La toxicidad de un pesticida se mide generalmente por su Dosis Letal 50 (DL50), es decir, la cantidad necesaria para matar al 50% de una población de prueba, expresada en microgramos de ingrediente activo por peso corporal del organismo. Esta medida se utiliza a nivel regulatorio para clasificar y autorizar el uso de productos fitosanitarios.
Es importante aclarar que exposición no siempre significa muerte. Dosis por debajo de la DL50 pueden no ser letales, pero sí provocar efectos subletales, como alteraciones en el comportamiento, en la fisiología o en los ciclos reproductivos. Incluso, en algunos casos, estas dosis pueden generar respuestas adaptativas, conocidas como hormesis positiva, como una mayor resistencia a los pesticidas o tolerancia térmica.
Durante la floración, los polinizadores pueden exponerse a pesticidas de diversas formas:
Contacto durante la fumigación.
Contacto con flores, hojas o tallos contaminados después de la aplicación.
Consumo de néctar o polen de plantas tratadas con pesticidas sistémicos.
Ingesta de agua contaminada.
Deriva de pesticidas, es decir, el movimiento lateral del producto hacia áreas fuera del cultivo.
Estudios recientes han demostrado que las dosis subletales pueden tener consecuencias crónicas en las abejas, como:
Disminución de la capacidad de aprendizaje y orientación.
Alteraciones en el desarrollo, fertilidad y tamaño corporal.
Reducción en el número o la calidad de la progenie.
Cambios en la capacidad reproductiva.
Aunque también se han observado efectos positivos en algunos casos específicos (como la mayor tolerancia al calor en obreras de Apis mellifera), aún no se conocen con certeza los impactos a nivel poblacional de estas exposiciones subletales.
Es fundamental reconocer que la agricultura depende directamente de los polinizadores. Sin ellos, la producción de muchos cultivos se vería comprometida.
Por eso, la implementación de buenas prácticas agrícolas es clave para mitigar los efectos negativos del uso de pesticidas sobre los polinizadores y otros organismos benéficos. Esto no solo favorece al ecosistema, sino que también beneficia al agricultor y al consumidor final, al garantizar alimentos más limpios, seguros y de alta calidad.